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martes, 19 de abril de 2022
¿Eres cristiano? ¿De verdad?
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martes, 23 de febrero de 2021
AMOR AL PRÓJIMO
¿Por que actúa como actúa el samaritano? ¿Qué le mueve?
¿Actuamos nosotros así?
Si todos, independientemente de la religión de cada uno, actuáramos haciendo el bien a los demás...
Problema: que la realidad es muy distinta. Pero...
¿Podemos cambiar nuestra realidad? ¿cómo?
A continuación tenéis un posible modo de actuar para mejorar el mundo:
¿Os recuerda a alguien el protagonista del corto?
...
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sábado, 18 de noviembre de 2017
Carta de un padre ateo a su hijo
Carta que el socialista ateo francés Jean Jaurés fundador del periódico a “L’Humanité” escribió a su hijo, publicada en 1919.
Querido hijo:
Me pides un justificante que te exima de cursar religión, un poco por tener la gloria de proceder de distinta manera que la mayor parte de los condiscípulos y temo que también un poco para parecer digno hijo de un hombre que no tiene convicciones religiosas.
Este justificante, querido hijo, no te lo envío ni te lo enviaré jamás. No es porque desee que seas clerical, a pesar de que no hay en esto ningún peligro, ni lo hay tampoco en que profeses las creencias que te expondrá el profesor.
Cuando tengas la edad suficiente para juzgar, serás completamente libre pero, tengo empeño decidido en que tu instrucción y tu educación sean completas, y no lo serían sin un estudio serio de la religión.
Te parecerá extraño este lenguaje después de haber oído tan bellas declaraciones sobre esta cuestión; son, hijo mío, declaraciones buenas para arrastrar a algunos pero que están en pugna con el más elemental buen sentido. ¿Cómo sería completa tu instrucción sin un conocimiento suficiente de las cuestiones religiosas sobre las cuales todo el mundo discute? ¿Quisieras tú, por tu ignorancia voluntaria, no poder decir una palabra sobre estos asuntos sin exponerte a soltar un disparate?Dejemos a un lado la política y las discusiones y veamos lo que se refiere a los conocimientos indispensables que debe tener un hombre de cierta posición. Estudias mitología para comprender historia y la civilización de los griegos y de los romanos y ¿qué comprenderías de la historia de Europa y del mundo entero después de Jesucristo, sin conocer la religión, que cambió la faz del mundo y produjo una nueva civilización? En el arte ¿qué serán para ti las obras maestras de la Edad Media y de los tiempos modernos, si no conoces el motivo que las ha inspirado y las ideas religiosas que ellas contienen?
En las letras ¿puedes dejar de conocer no sólo a Bossuet, Fenelón, Lacordaire, De Maistre, Veuillot y tantos otros que se ocuparon exclusivamente de cuestiones religiosas, sino también a Corneille, Racine, Hugo, en una palabra a todos estos grandes maestros que debieron al cristianismo sus más bellas inspiraciones? Si se trata de derecho, de filosofía o de moral ¿puedes ignorar la expresión más clara del Derecho Natural, la filosofía más extendida, la moral más sabia y más universal? –éste es el pensamiento de Juan Jacobo Rousseau.
Hasta en las ciencias naturales y matemáticas encontrarás la religión: Pascal y Newton eran cristianos fervientes; Ampere era piadoso; Pasteur probaba la existencia de Dios y decía haber recobrado por la ciencia la fe de un bretón; Flammarion se entrega a fantasías teológicas. ¿Querrás tú condenarte a saltar páginas en todas tus lecturas y en todos tus estudios? Hay que confesarlo: la religión está íntimamente unida a todas las manifestaciones de la inteligencia humana; es la base de la civilización y es ponerse fuera del mundo intelectual y condenarse a una manifiesta inferioridad el no querer conocer una ciencia que han estudiado y que poseen en nuestros días tantas inteligencia preclaras.
Ya que hablo de educación: ¿para ser un joven bien educado es preciso conocer y practicar las leyes de la Iglesia? Sólo te diré lo siguiente: nada hay que reprochar a los que las practican fielmente, y con mucha frecuencia hay que llorar por los que no las toman en cuenta. No fijándome sino en la cortesía en el simple ‘savoir vivre”, hay que convenir en la necesidad de conocer las convicciones y los sentimientos de las personas religiosas. Si no estamos obligados a imitarlas, debemos por lo menos comprenderlas para poder guardarles el respeto, las consideraciones y la tolerancia que les son debidas. Nadie será jamás delicado, fino, ni siquiera presentable sin nociones religiosas.
Querido hijo: convéncete de lo que digo: muchos tienen interés en que los demás desconozcan la religión, pero todo el mundo desea conocerla. En cuanto a la libertad de conciencia y otras cosas análogas, eso es vana palabrería que rechazan de ordinario los hechos y el sentido común.
Muchos anti-católicos conocen por lo menos medianamente la religión; otros han recibido educación religiosa; su conducta prueba que han conservado toda su libertad.
Además, no es preciso ser un genio para comprender que sólo son verdaderamente libres de no ser cristianos los que tienen la facultad de serlo, pues, en caso contrario, la ignorancia les obliga a la irreligión. La cosa es muy clara: la libertad exige la facultad de poder obrar en sentido contrario. Te sorprenderá esta carta, pero precisa hijo mío, que un padre diga siempre la verdad a su hijo. Ningún compromiso podría excusarme de esa obligación.
Recibe, querido hijo, el abrazo de
TU PADRE.
Jean Jaurès, cuyo nombre completo era Auguste Marie Joseph Jean Léon Jaurès (*Castres, Francia, 3 de septiembre de 1859 – París, 31 de julio de 1914), fue un político socialista ateo francés.
domingo, 17 de septiembre de 2017
Comenzamos con un cuento
Érase una vez una niña a la que
le gustaba mucho dibujar. Un día, su abuelo, le regaló un lápiz mágico. El
abuelo le contó que cualquier cosa que dibujase se haría realidad, sólo le puso
una condición, que los dibujos que hiciese siempre tenían que tener como fin
ayudar a los demás.
La niña se esforzaba día a día
teniendo siempre preparados el lápiz y un cuaderno para dibujar aquello que
alguien realmente necesitaba.
Pasado el tiempo al ver que el
lápiz se iba acabando y ya no podía seguir sacándole punta, tomó la decisión de
enterrarlo en el parque, en el que su abuelo se lo había entregado.
La niña creció, cambió de ciudad.
Al cabo de los años, quiso enseñar a
sus hijos el lugar donde jugaba ella y se fueron al parque. Cuál fue su
sorpresa cuando se encontró un precioso árbol en el sitio donde un día había
enterrado su lápiz.
Era un árbol grande, frondoso y robusto
de cuyas ramas colgaban lapiceritos
de colores, listos para que cada
una de las personas al cogerlos sintiera el deseo de ser + y pudiera hacer un
mundo mejor y más feliz.
¿Te atreves tú a coger un lápiz y reVALORizarte?
¡Feliz curso!
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